Efecto Famous. Sobre celebrities y sus problemas psicológicos.

¿Acaso proporciona el dinero o la fama una plena felicidad?

En lo que se refiere a popularidad, ya hemos escuchado algunos casos de famosos que han llegado a problemas bien gordos como la depresión, la drogadicción, alcoholismo e incluso la muerte. No es oro todo lo que reluce.

Hablamos de personas que han perdido la noción de la vida debido al estrés sufrido por su fama, como Selena Gomez, Brad Pitt, Jim Carrey, Miley Cyrus, etc. O trastornos obsesivos compulsivos como el de Leonardo DiCaprio, o David Beckham. Si mencionamos la anorexia y bulimia nos llevamos por delante a Elton Johnn, Victoria Beckham, Kate Moss, Angelina Jolie, y Lady Gaga, entre otros. El trastorno Bipolar también afectó a varios famosos como Demi Lobato, o Catherine Zeta-Jones. Por no hablar de muertes por sobredosis de medicamentos o drogas como Heath Ledger, Amy Winehouse, Jimi Hendrix, Withney Houston, o Marilyn Monroe. Esto es solo la punta del Iceberg.

Tiene que ser bastante delicado estar sano mentalmente cuando controlan tu vida, te persiguen, hablan mentiras sobre ti, destrozan tus relaciones de pareja, y te manipulan. No pongas un kilo de más, porque te acribillarán, no digas una sola palabra de la que te puedas arrepentir, porque quedará para los restos. Qué bonito es todo ¿verdad? Esto es un perfecto ejemplo de felicidad.

Pero, no hace falta ser famoso para tener dinerito. ¿qué sucede con el nivel económico? Debate que creará dos caras bien opuestas en lo que se refiere a opiniones.

Es cierto que dedicamos nuestra vida a trabajar y conseguir sobrevivir cuando tenemos un mínimo de capital. Cero caprichos, alimentación básica (no por ello mala), y pocas probabilidades de conseguir nuestros sueños si dependemos de una base económica. Con ello me refiero a viajar, estudiar y formarse profesionalmente, o comprarse algún elemento que nos sirva como puente para un futuro profesional, etc.

Pero no creo que sean más felices aquellas personas que tengan sumas elevadas de dinero, ya que a mayor dinero, caprichos más caros, vida más exigente, y carencia de valores personales.

¿Que por qué digo esto? Imagínate por un segundo que te toca el euro-millón. ¿Podrás conseguir a la persona que tanto has imaginado porque tengas más dinero? Y si es así, ¿no estaría un poco interesada por tus cambios recientes? ¿Acaso el dinero elimina de raíz un problema de salud, una enfermedad, o consigue erradicar las catástrofes naturales? Y no me refiero a desgracias tercermundistas o guerras entre esas “cosas” que dicen llamarse “humanos”, ya que se trata de otro debate mucho más aterrador y en el que el dinero es la clave.

No voy a ser pesada. Lo importante es saber que el nivel de felicidad no es proporcional al nivel de riqueza o fama. A mayores niveles, mayores exigencias tanto personales como profesionales. Los humanos llevamos plasmados en nuestra conducta la consecución de objetivos y metas, y si lo tienes fácil tu propio cerebro buscará experimentar cosas diferentes para sentir esa adrenalina. La clave es no llegar a los extremos económicos, sino permanecer en los puntos intermedios. Y si esta idea la extrapolamos al resto de nuestra vida mucho mejor. ¡Ni mucho ni tan poco!

Nos leemos pronto J

By Elisabeth López Domínguez.

 

 

Fuentes:

 

 

 

Fotografía:

 

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